Llegó con un tigre en su hombro. La ropa lo cubría, cierto, pero estaba ahí, acechando.
Desde entonces empezó a caminar distinto, usaba menos disculpas, aferraba las cosas con decisión.
Me pregunté cuándo empezará el hambre, qué tipo de carne será suficiente para la bestia.
Busqué en sus ropas el olor de otras pieles, me agazapaba para que no me viera el tatuaje, evitaba tocar la piel-tinta. Maldecía el momento en qué llegó el tigre a nuestras vidas.
Un día me dijo que quería hablar y supe que al fin iba a admitirlo: que la metamorfosis continuaba, que era otro, diferente.
— ¿Sabes? — dijo— has cambiado...
Desde entonces empezó a caminar distinto, usaba menos disculpas, aferraba las cosas con decisión.
Me pregunté cuándo empezará el hambre, qué tipo de carne será suficiente para la bestia.
Busqué en sus ropas el olor de otras pieles, me agazapaba para que no me viera el tatuaje, evitaba tocar la piel-tinta. Maldecía el momento en qué llegó el tigre a nuestras vidas.
Un día me dijo que quería hablar y supe que al fin iba a admitirlo: que la metamorfosis continuaba, que era otro, diferente.
— ¿Sabes? — dijo— has cambiado...









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