jueves, marzo 04, 2010

SUS MANOS

(Fotografía de Michael Hustaty)



No había niños, planes comunes, razón alguna para continuar juntos. Cada uno tenía una vida infinitamente más rica que los momentos mutuos. Se despertaban al lado del otro sin saber por qué, se reunían para comer aunque hace mucho habían gastado hasta el último gramo de comprensión, cariño u odio.
El silencio era su única conversación.
Masticaban mirando afuera, contando los minutos para reintegrarse a sus corrientes divergentes.
Sin saber que lo hacían sus manos se entrelazaban, los dedos vagaban cariñosos sobre la otra piel, los dibujos de sus tatuajes se estremecían al contacto.




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