jueves, enero 07, 2010

LA TORRE LATINOAMERICANA

(Fotografía: Sam Javanrouh)

RELATIVIDAD
Cuando niño, sólo pensar en la Torre Latinoamericana me daba vértigo, pero con cada año que vivo el edificio me parece más chico. Ahora, paso a su lado y debo agacharme, con gesto reumático, cuando palmeo su techo como quien acaricia un perro.


EL SÓTANO LATINOAMERICANO
De 1956 a 1972 fue el edificio más grande de la Ciudad de México. Era un enorme atractivo para curiosos y suicidas. Los guías de turistas acostumbraban, una vez visitadas las alturas, llevarlos a los enormes cimientos del edificio. Tan profundos que, acostumbraban decir, era el sótano más grande de América Latina.
Dejaron de permitir su paso cuando más de un desesperado se arrojó desde ahí, para acabar desecho en la calle.


ANTENAS
Dada su excelente ubicación y que ningún edificio estorba su línea de vista, la Torre se ha ido llenando de antenas, repetidoras, emisoras, nodos de telefonía celular, que conforman una invisible telaraña de comunicaciones de la que no sabemos nada excepto un ocasional zumbido en nuestras líneas cuando cae una mosca.


IMECAS
El mirador de la Torre Latinoamericana, en el piso 52, es el mejor sitio para observar la ciudad, pero la contaminación es tan espesa que no puede verse más que una nube oscura, un mar de humo sobre el cual, a veces, navega un barco perdido que sólo espera que aclare un poco para continuar su viaje.


PROYECCIÓN
La Ciudad de México está asentada en un suelo fangoso, una extraña esponja que se va hundiendo paulatinamente. El Dr. Leonardo Zeevaert ideó un ingenioso plan para que la Torre Latinoamericana se mantuviera firme, unos cimientos diseñados para que flotara sobre ese suelo impreciso, los primeros de su tipo.
La proyección para el futuro dicta que, de aquí a medio siglo, miraremos desde el abismo a las alturas y veremos todavía la Torre ahí, erguida y firme, entre las nubes.


NO SE CULPE A NADIE…
Harto de no terminar nunca nada en su vida se arrojó desde la Torre. Algún día habrá de llegar al suelo.

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