lunes, enero 25, 2010

LA MUJER EN MI PECHO

(DevianArt de fille-ordinaire)



Lentamente me desnudo, es difícil: con los años los dedos se tornan torpes, todo movimiento requiere de una coordinación que voy perdiendo.
Miro a la mujer tatuada en mi pecho. Los rasgos se han deformado, compartimos manchas hepáticas, pero sigue siendo ella.
50, 60 años después de haberla grabado en mi carne no puedo recordar su nombre. Si está aquí como recuerdo de lo que perdí, o de lo que nunca tuve.
¿Creía entonces que grabar un tatuaje extenso era fijar una imagen en el tiempo?
Tal vez me dije que la tinta puede servir contra el olvido, que mi carne iba a permanecer inalterable siempre, que la edad no volvería flácidos los músculos, ni los huesos iban a descalcificarse reduciendo mínimamente mi tamaño, encorvándome, convirtiéndome en otro, un pequeño anciano portando la carne de un joven fuerte, alto, decidido.
Soy una sombra vencida por el peso de lo que fui.
Tal vez sólo pensaba en ella, tal vez únicamente deseaba asegurarme que su imagen moriría al mismo instante de mi muerte.




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