Ciertos rostros giran para ver el diseño de mi rostro. Una vez una mujer vieja me detuvo, recorrió rápidamente sus fríos dedos sobre el dibujo y se fue, murmurando algo. Algunos más sacaron una hoja de entre sus ropas, para trazar un detalle.
El tatuaje es un viento sobre las emociones, a veces leo cólera, temor, un ocasional llanto desconsolado, y un niño empezó a gritar como si lo hirieran.
— ¿Sabes lo que llevas ahí? — me gritó un joven, desde una esquina — ¿sabes?
Me acerqué a él, pero huyó, incapaz de estar tan cerca de mi carne.
Te miro dormir junto a mí, satisfecha y me preguntó qué mensaje, qué signo realmente has grabado en mi piel.
En la noche, en el vacío me siento frente al abismo del espejo.
Me miro y trató de leer los símbolos.
El mundo contiene el aliento en ese instante, y creo que entiendo.
El tatuaje es un viento sobre las emociones, a veces leo cólera, temor, un ocasional llanto desconsolado, y un niño empezó a gritar como si lo hirieran.
— ¿Sabes lo que llevas ahí? — me gritó un joven, desde una esquina — ¿sabes?
Me acerqué a él, pero huyó, incapaz de estar tan cerca de mi carne.
Te miro dormir junto a mí, satisfecha y me preguntó qué mensaje, qué signo realmente has grabado en mi piel.
En la noche, en el vacío me siento frente al abismo del espejo.
Me miro y trató de leer los símbolos.
El mundo contiene el aliento en ese instante, y creo que entiendo.









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