viernes, octubre 30, 2009

PLANTA

(Flickr iku+)




El que cultivemos la planta, que la alimentemos con todas esas cosas inverosímiles que necesita, el que cosechemos bajo la luna los frutas casi transparentes, el que abramos con cuidado y saquemos las diminutas siluetas con sus alas húmedas que debemos dejar secar sin que les dé el sol para cosechar el polvo luminiscente que las cubre y que hace las veces de semilla, el que estén todo el día revoloteando a nuestro alrededor, en cierto modo le quita la magia a las hadas.






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