La Embajadora nada dijo ante las jovencitas vestidas de mallas, ni las alas de plástico. Simplemente, al marcharse, nos dio una delicada talla de un ser que nadie reconoció.
− Así piensan las hadas que son los humanos – dijo.
¿Era una caricatura, una burla, un insulto?
No podemos saberlo. Nada hay en esa figura que nos pertenezca.
Tratamos de recordar la figura de la Embajadora y recordamos los ricos vestidos, los sutiles movimientos pero no su silueta, forma o rostro.
Nada captaron las cámaras.
A veces creemos que todo fue un sueño y que sólo apareció de la nada esa talla misteriosa, la fragancia sutil que no es de este mundo, y todos esos tratados de no agresión.
− Así piensan las hadas que son los humanos – dijo.
¿Era una caricatura, una burla, un insulto?
No podemos saberlo. Nada hay en esa figura que nos pertenezca.
Tratamos de recordar la figura de la Embajadora y recordamos los ricos vestidos, los sutiles movimientos pero no su silueta, forma o rostro.
Nada captaron las cámaras.
A veces creemos que todo fue un sueño y que sólo apareció de la nada esa talla misteriosa, la fragancia sutil que no es de este mundo, y todos esos tratados de no agresión.
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