Miramos la ropa rota, la cama deshecha, el camino que la pasión dejó en nuestra piel: labios hinchados, surcos de uñas, marcas de mordidas, los pezones casi rojos, los sexos irritados.
El que los tatuajes estuvieran intactos, no confundidos unos con otros, fue un milagro.
El que los tatuajes estuvieran intactos, no confundidos unos con otros, fue un milagro.









1 comentarios:
Con los ojos y el sexo irritado recuerdo que prometí olvidarlo.
Maldito escritor.
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