martes, agosto 25, 2009

B/N



Los televisores de bulbos no desaparecieron. Los arrumbaron por estorbosos, pesados, con sus enormes cinescopio y nada que pareciera un control remoto. Los he ido rastreando, uno a uno. Pocos saben que funcionan aún. Que basta con encenderlos para ver noticias de un presente que no es. Uno en blanco y negro, en donde hay robots de aluminio, naves espaciales con remaches de metal, palancas y gruesos botones que parpadean. Las computadoras ocupan una habitación entera y se comunican con largas tiras de papel perforado. La sintonía se pierde, una imagen es seguida por mil horas de estática, pero una imagen es suficiente. Tarde días, semanas, años buscándolas.
Hasta ayer cuando me vi, pantalla adentro, asomándome a este mundo.
Qué soledad, tristeza, qué vacío,qué estática, que silencio, qué necesidad vi en ese hombre.


No hay comentarios.: