miércoles, julio 08, 2009

TORKROTA



— Una de esas rayas es su mujer — nos dice el guía.
Vemos al hombre señalado. En medio de la ventisca, cubierto por hielo, nieve y bruma apenas es más que una sombra.
Torkrota.
No es su nombre, ni un apodo. Es un rango.
Homicida.
Lo afirman las tres líneas tatuadas en su rostro, bajo la nariz. Él mismo hizo las marcas.
Entra con nosotros al refugio. Al otro lado la tormenta.
Tal vez nos encuentren congelados a todos. Al esquimal, al guía, a nosotros.
Hablamos. Aprendemos de los otros cosas que no deseamos saber pero que tal vez pesen demasiado para llevárnoslas a la muerte.
Del homicida sabemos que las marcas duelen, que no puede dejarlas en paz. Que fue en defensa propia, en medio de la ira, pero que la sangre de ella pesa.
Nos dijo que jamás pensó, cuando marcaba su rostro, que se estaba tatuando un fantasma.



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