domingo, julio 26, 2009

SERES

(Flickr de Fifi Yin)



Voces. Risas. El niño miró el techo oscuro. Durarían toda la noche. Hombres y mujeres con líneas en el rostro, con brazos cubiertos de figuras, a veces la ropa abierta permitía ver seres fabulosos reptando sobre los músculos, selvas exóticas desplazándose por la piel. Explosiones de color, mil negros confiriendo otras formas.
Muy despacio se levantó, cerró la puerta lo mejor que pudo. Tenía miedo. Se ahogaba en el horror.
Lentamente fue desnudándose. Miró el color virgen de su carne.
Ni una señal, ni una línea, greca, letra, marca.
La piel lisa.
¿Soy el único? pensó. ¿Sólo yo soy un monstruo?




2 comentarios:

Deprisa dijo...

Lo de monstruo siempre me ha llamado la atención. ¿Quién es monstruo realmente? Aquel al que se lo llaman o aquel que se siente así.

¿O los humanos a veces somos los monstruos?

Da mucho que pensar.

Un saludo.

José Luis Zárate dijo...

Aquello creado por Frankestein nunca ha visto en el espejo un monstruo