viernes, julio 31, 2009

NO SE CULPE...

(Flickr de Logan Jackson)



Hay demasiado silencio mientras te pones los guantes y preparas las tintas.
Tocas la piel de mi espalda, enciendes la máquina.
— Todo terminó ¿verdad? — dices.
— No — miento, pero ambos sabemos.
No lloras, no dices nada, no tratas de convencerme. Tal vez comprendes que es inútil. En cambio, empiezas a trabajar.
Sé que has abandonado el dibujo convenido. Dejo que lo hagas para demostrarte que confío en ti.
Cuando terminas, cubres el tatuaje con una venda inusitadamente grande. Dices que no lo quite en 24 horas.
Tal vez al irme lo hiciste, tal vez esperaste algunas horas. ¿Qué importa más que la sangre?
Frente al espejo espero.
Sé que los tatuajes pueden quitarse, convertirse en otros, desaparecer.
No es eso lo que me detiene a quitar la venda.
Dicen que no dejaste carta alguna, pero se equivocan.
Esta aquí, en mi espalda.
Y sólo espero reunir el valor para ver esa imagen, la palabra, el signo que marcaste en mí.