jueves, junio 11, 2009

NUESTRA FORMA

(Flickr de Emir Ozsahin)


En algún momento todos hemos tenido que arrancar una parte de nosotros, tanto da si fue una costra mínima, o el retirar una curación llena de sangre y tejido a medio cicatrizar: los puntos de sutura retirados, una uña que se desprende con un sonido líquido, la forma en que un surco de carne se abre paso hasta la sangre.
Hemos visto el mecanismo de los músculos rotos, de los nervios expuestos al dolor. La piel es frágil, mínima. La barrera entre el universo y nuestra carne: una gasa terriblemente fina.
Una cáscara.
La piel, entonces, no es nosotros. La piel es una mentira.
Visto el interior, la perspectiva cambia.
Nosotros somos lo que se oculta atrás, adentro, entre la sangre y los músculos desprotegidos. Uno se ve desnudo y sabe que nuestra forma verdadera es la herida.


1 comentario:

an dijo...

pero hay heridas muy evidentes en la mirada.