martes, junio 09, 2009

INVITACIÓN


— Parece un suicidio colectivo.
El comisario se acercó al primer cadáver. Ropas bastas, zapatos de minero. Que raro se veía el plumero en sus manos callosas. Otro sostenía un trapo con pajaritos. Esos objetos: limpios del polvo de la mina. No les pertenecía. Era de alguien más. Los aferraron como si no quisieran perderlos en la muerte.
El lugar estaba sucio, pero podía verse aquí y allá cosas relucientes. Alguien, hasta hace poco, limpiaba con esmero este lugar. Tal vez con amor.
¿Eso fue lo que impulsó el brindis de veneno? ¿ese silencio?.
Parecían tener sólo ese cariño y la mina. Y cuando desapareció…
El comisario suspiró. Por amor había visto cosas aún más tristes.
Encontró una hoja de papel que lo explicaba todo.
Una invitación de bodas ricamente adornada.
Leyó el nombre del inocente culpable, la razón de esas muertes.
Blancanieves.




1 comentario:

an dijo...

jo, no me gusta esa segunda parte del cuento. con lo bonito que sería aceptar un enanito grande en la familia.

aunque por bien escrito esto merece un brindis (beningno, claro).