martes, mayo 05, 2009

TSUNAMI

(Flickr de EB Morse)

En el último segundo me acobardé. Me arranqué los cables que me conectaban al mundo virtual. Pude escuchar el tsunami acercarse en los audífonos de quienes me rodeaban. Los vi mirar las insustanciales líneas programadas. ¿Ese mi rostro repetido un millón de veces? Gritos, llantos. Algunos fueron barridos por la ola invisible para mí, marionetas desmadejadas por la furia del logaritmo de desastre. El silencio súbito de bocas abiertas y manos tratando de abrir la garganta. Se ahogaban, rodeados de aire empezaron a asfixiarse.
Como pude me arrastré fuera de ahí.
Manos amigas me ayudaron a salir, me cubrieron con mantas, me anotaron como uno de los pocos sobrevivientes del desastre.
Un millón esperaba para la segunda función.


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