domingo, marzo 29, 2009

UNA CORRIENTE


En ocasiones escuchamos un fragor desconocido bajo nuestros pies, como si algo corriera – denso y oscuro – en las cañerías, y los automóviles se atascan en el seco asfalto, las ruedas avanzan despacio rodeadas de un lodo que nadie ve, ocurre – poco, pero ocurre − que las aceras se llenan de brotes verdes, y puede olerse un frescor entre el concreto y acero de los edificios.
Los ingenieros sacan viejos mapas y siguen el rumbo de esas perturbaciones. Un cauce seco hace cien años, pero no importa. Aunque no esté ahí, a veces sueña que corre libre el río.

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