martes, marzo 24, 2009

TIEMPO-RELATIVO


Le hablaría de Ard-27 y sus cristales vivos, de la lenta migración de volcanes en Guened, del extraño color del universo cuando se acercaban a la velocidad de la luz antes de saltar al hiperespacio. De lo mucho que sentía que el tiempo se modificara en el viaje espacial, y mientras él la añoraba un día, para ella seguramente había transcurrido un mes, un año, una década. La sirena de desembarco empezó a sonar y él se preguntó que iba a decirle a la anciana que había dejado (bella, joven y resplandeciente) en el tiempo-relativo.
¿Qué se puede decir a los que uno dejó definitivamente atrás?
Traía flores, objetos, joyas, recuerdos, y todo eso no serviría para más que hacer definitivo el error que cometió al dejarla atrás en el tiempo.
Abrió la puerta de la casa para encontrar a la anciana rota y se topo con una mujer resplandeciente.
− ¿Sus? – dijo él, maravillado - ¡SUS!
La tomó en sus brazos, la cubrió de besos: su aroma limpio, su maravilloso pelo, su voz:
− Bedss.
− Pero... ¿cómo?
− Embarqué en las nuevas naves, las que surgieron un par de años después de que te fuiste, fuimos a Algeron, a Nimida, a…
Ella había visitado más planetas y saltado más veces al hiperespacio. Estaba ahí un par de días antes de irse a otra galaxia.
Él sintió que el corazón se rompía de felicidad, le temblaron las piernas, tuvo que sentarse mientras ella danzaba a su lado, tomando las cosas que había traído y tratando de acomodarlas en los estantes llenos de maravillas.
Él sonreía, feliz, y no se daba cuenta de que ella no lo había besado.
Para la mujer era un desconocido de la edad de su padre.
Ella trataba de cubrir el silencio con su charla, pero sabía que tarde o temprano debería decirle que era momento que él se marchara, esta vez para siempre, pero no encontraba la frase, la palabra inicial, porque, después de todo ¿qué se puede decir a los que uno dejó definitivamente atrás?

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