martes, marzo 31, 2009

LOS UDS DE MICLOSPHARSHI

(Holdmetiger. Ugne Straigyte)



Sólo hay algo que aclarar desde el principio.
No hay Uds.
No existen, ni nunca han existido.
Vendemos camisetas, estatuas, manuales anatómicos, colmillos, huesos, postales, hologramas, rastros químicos, hilos de sensaciones.
Pero no hay Uds.
En todos los puertos de Miclospharshi están las advertencias destellando en colores láser. En las aduanas se pregunta la nacionalidad, el planeta, la raza, el motivo del viaje y se informa que este mundo no tiene fauna alguna.
Vegetación sí, arboles carbónicos, enredaderas miméticas, flores movibles, algas-bosque en los mares verdes.
Piense en un adjetivo, y en una clasificación de plantas.
Los tenemos todos.
Pero no Uds.
Parece imposible que tal variedad de vida vegetal sea todo, aún cuando sea tan rica y compleja como la de Miclospharshi, tanta pradera verde, tanta exótica selva, tantos arboles parecen exigir un animal recorriéndolos.
No hay silencio en este planeta (en ninguno, creo yo) y se pueden escuchar sonidos y roces: son las enredaderas tanteando su territorio, los árboles rompiendo roca para afianzarse, el lento derivar de las dunas-césped, el zumbido de las semillas-dardo buscando nuevos territorios.
Pero no hay insectos, ni gusanos, ni polinizador alguno más que el viento y el clima.
Imposible ¿verdad?
Todos lo sabemos.
Los colonizadores fueron los primeros en no creerlo. Miraban el cielo sin saber que buscaban aves, dejaban alimento aquí y allá esperando llamar ratas, ardillas, algún predador diminuto, o enorme, o múltiple.
Cualquier cosa viva.
Más viva que las plantas, por supuesto.
Y también ellos oyeron los susurros, los sonidos y roces.
Y supieron que no todos podían ser explicados.
Es lo malo de los planetas vírgenes, inexplorados, enormes.
Hay demasiadas sombras nuevas.
Y no importan los instrumentos, las mediciones, los rastreadores satelitales.
No a media noche, no en la oscuridad cuando algo se mueve ahí, en donde todo debería ser inmóvil, y algo susurra.
Y se escuchan risas.
Parodias de risas.
De algo con dientes, y hambre, y locura imitando los sonidos de los invasores, burlándose de ellos.
Primero fueron niños riéndose allá, a lo lejos.
Niños que no eran niños, ni plantas ni arboles.
Eran los susurros imposibles de definir, las cosas ocultas más allá de lo visible.
Lo imposible, lo impensable, lo inefable.
Los llamaron Uds, por decirles de algún modo, sobre todo para negarlos.
Cuidado con el Ud, guárdate del Ud, ¿qué, tienes miedo del Ud?
Sí, tenían miedo, mientras cerraban puertas y ventanas sin saber a qué temerle, mientras activaban alarmas y sensores y se protegían con luz, con tecnología y certezas.
Y cuando el primero de ellos fue devorado ¿a qué culpar más que al silencio, a la incertidumbre, a la nada?
¿Quien más podía ser que el Ud?
LOS uds, porque ese fue sólo el primer crimen.
Marcas de garras en las puertas, heridas de colmillos, huellas múltiples en la sangre fresca.
Ni una muestra de DNA.
El Ud no había dejado ni una escama, ni un cabello. A nivel celular no había rastro alguno, en los huesos partidos ni una astilla quitinosa de las garras.
Todo contacto deja huellas. Eso lo saben todos los forenses.
Pero no los Uds.
No las víctimas.
Y las risas continuaron, y el silencio lleno de susurros.
Y las muertes.
Hay quien piensa que todas estas plantas condensan los miedos, los leen, los saborean y los lanzan contra toda amenaza.
Que Miclospharshi es un organismo mental cuyos sueños son vegetales y, a veces, roba sueños de otros y los vuelven reales un instante.
Que los Uds son Dios, y este un jardín que hemos mancillado.
Que... bueno... hay libros, enciclopedias enteras con posibles respuestas.
Los vendemos en los puertos de llegada.
Pero los Uds no son lo que realmente nos desconcierta.
Son ustedes, llegando.
Con maletas, y rifles y misiones, y pecados, y silencios, y búsquedas, y ayeres, y pérdidas y silencios, risas, llantos, con ojos vacías, vivos, oscuros, resplandecientes.
llegando
llegando
llegando
Buscando los Uds que no existen.
La muerte para quien entra a Miclospharshi.
Y tal vez, los que vivimos pensamos que allá afuera, en sus mundos y universos, un Ud más grande los ha devorado ya.
¿Pero que saben los guías de razones y circunstancias?
Pasen, acomódense.
Esperen.
Vienen después de las risas de niños a lo lejos.

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