sábado, marzo 21, 2009

LLAVES

(Flickr de Alfonso Benayas)
Nos hemos acostumbrado a su manía de reunirse en manadas de cinco o seis, aunque no tengan nada en común, a ser parte de sus partos junto con el cerrajero, a verlas llegar si no en cigüeña si pegadas a candados y lockers, a que pidan silenciosamente un perro ovejero disfrazado de llavero. Logramos llevarlas diario y no pensar más en ellas. Pero que desconcierto cuando alguna – mal aconsejada por calcetines impares – recuerda sus hábitos migratorios.

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