jueves, febrero 19, 2009

ESCULTURAS


Construía, para sí, modelos de madera, metal, en ocasiones piedra. Todo ello podía contener sus sueños, podían albergarlos, retenerlos el tiempo suficiente para que otros los vieran. Pero antes no eran sueños, era tacto y aliento, sonido y verdad. Recordaba aún esas épocas en donde la ciudad vibraba un segundo cuando una estela se elevaba hacia las estrellas. Época de gigantes y sueños más grandes aún. El cielo como límite, y los sueños no eran estas figuritas que trataban de recrear a los colosos que nunca fueron. En las noches los tomaba entre sus manos y se imaginaba que veía otros mundos, mientras el suelo bajo él vibraba lleno de poder. En la mañana se levantaba, como todos, e iba a conectarse a las máquinas de realidad virtual para efectuar su trabajo en los mundos eléctricos tan rebosantes de maravillas que sus pálidos sueños de estrellas no interesaban a nadie.

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