miércoles, octubre 22, 2008

UNA ESQUINA


Es una cruz de madera, con flores secas y una veladora fija en el piso por unas gotas de cera. Una mujer con un costal de plástico negro lo quita todo, con expresión resignada.
Me ve mirarla, y continua su labor.
— Mañana estarán de nuevo — dice al aire — las quito diario, y diario las vuelven a poner.
— Son para señalar que aquí murió alguien — digo, innecesariamente.
— Lo sé — me enseña la cruz, el nombre impreso ahí — todos los días es diferente. Raúl hoy, Ricardo mañana, Josefina pasado. Nunca se repite. Y no traen fechas.
— No debería quitarlas.
— Las guardo.
— ¿Perdón?
— Guardo todas.
— ¿ Por qué?
— Son muchas. Demasiadas. Nadie se ha muerto aquí ¿sabes? Nadie, pero aquí es donde ponen las cruces. Supongo por que en algún lugar deben ponerlas. Cuando no sabes dónde están tus muertos... están en todas partes. Esta esquina es tan buena como cualquier otro lado. Son tantos, joven. Tantos nombres sin una señal donde cayeron. Qué fue de ellos. Pero tienen su cruz... alguien se encarga que tengan su cruz. Para que no se olvide. Para que al menos alguien sepa que existió un Raúl, un Ricardo, una Josefina...

2 comentarios:

Mr. Blue dijo...

Chingona narración. No lo había comentado por aquí, "En el principio fue la sangre" es una de mis lecturas favoritas, tus narraciones son maravillosas, hicieron resucitar muchos recuerdos de mi infancia. Muchas gracias.

José Luis Zárate dijo...

Gracias por el comentario. Es un gusto que te guste "En el pricipio...". Lo verdad soy bastante timido en las replicas de los comentarios, pero siempre es bueno saber que el trabajo gusta.
Un saludo
z