martes, octubre 28, 2008

MARIO


Hay un silencio justo del tamaño de su hermano, en todas las cosas. Quitaron la silla para que no se notara el hueco, pero fue como quitarle un pedazo a la rutina diaria de comer. Mama, Papá y el niño que sabía que Mario nunca regresaría a casa. La habitación vacía se lleno de cosas intrascendentes, buscando que nadie entrara. Pero el niño oía a veces a Mamá abrir la puerta, a Papá detenerse un segundo frente a ella. En las noches era posible escuchar la nada rezumando continuamente.
Las miradas ausentes continuaron, las palabras cortándose a la mitad como si la mente de sus padres estuvieran demasiado ocupadas tratando de soportar los recuerdos. Mario esto, Mario lo otro. Él jugaba, ese era su tono de voz, aquel su plato favorito.
El niño trataba de hablar con ellos, pero ellos se alejaban, tal vez curándose en sano de otro dolor. Tal vez por que dolía demasiado aún para querer de nuevo a nadie, de nuevo.
El niño dormía en su cama, solo, abandonado.
Y no se preguntaba que era la muerte.
La muerte era lo que vivía cada día.

No hay comentarios.: