sábado, octubre 25, 2008

ALTAR


A Pedro le habría gustado, dijeron. Y sí, a él le gustaban las comidas con amigos, los chistes repetidos y las mismas anécdotas. Le agradaba que fuera Juan, Martha, yo. El que estuviera muerto no iba a arruinar la fiesta anual en su casa.
—¿Verdad?— preguntó la esposa (ex-esposa), con el tono de quien le han quitado demasiadas cosas para que, además le quiten esa.
Así que fuimos. Juan, Martha, yo. Y contamos los chistes y las anécdotas. Y tomamos vino en honor del desaparecido, y escuchamos a la esposa (ex-esposa), y descubrimos que ella no se había muerto también. Y que también la apreciábamos mucho.
Y no hubo un lugar vacío en la mesa.

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