domingo, septiembre 21, 2008

HOTEL Stardust


Puso la llave sobre el mostrador. La miré sorprendido. ¿La habitación 322 estaba ocupada?. Esperó pacientemente a que hiciera la cuenta. Llevaba 5 días con nosotros y había pedido diversos servicios al cuarto, una nota de la cocina decía que no estaban seguros si los entregaron o no, es decir habían hecho el pedido pero ignoraban quien los recibió, de dónde salió la propina. Era extraño pero no tanto las 3 largas distancias que hizo desde el teléfono del mostrador que no me acordaba haber facturado aunque fue durante mi guardia. Un discreto carraspeo me hizo reaccionar. ¿Qué estaba haciendo? La cuenta. La pagó en efectivo con billetes casi demasiado antiguos.
Las camareras decían que nunca tuvieron que arreglar el cuarto, que los jabones estaban intactos. Cuando lo comentamos nadie pudo describir su rostro, su forma, su edad. Los dato en la tarjeta de llegada se estaba borrando, como si la tarjeta se estuviera olvidando de ese nombre. Como nos costaba recordar a nosotros. Era un esfuerzo tratar siquiera de pensar de él, de imaginar, de preguntarnos si habíamos hospedado durante una semana a una sombra, a un fantasma o al olvido.

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