miércoles, septiembre 17, 2008

HOTEL RIP




Hubo señales. Signos. Las manos frías, por ejemplo. Los labios azules sin explicación alguna, el débil latido de su corazón. No era el mismo. Débil, pálido, consumido, agotado.
Su esposo iba a pasarse una semana de trabajando en la frontera. Por ello lo siguió, por el temor. Por eso supo convencer al administrador para que abriera la puerta.
— Hasta que la muerte nos separe — se prometieron en tiempo felices.
Y ahí, en esa cama de hotel, al verlo blanco y exangüe, supo que la promesa se había cumplido al fin.
Él, sorprendido, se quedó viéndola, mientras que una silueta saltaba de la cama, desnuda y avergonzada, tratando de cubrirse, y enredándose por tener la capucha en una mano, y la guadaña en la otra.

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