martes, agosto 12, 2008

HOTEL Milesimal



No era una prioridad, así que las advertencias no sobresalían en ningún lado. Algunos lo notaron al no poder cerrar sus ventanas, pero el aire calido, el fresco olor de la vegetación era preferible al encierro. Los hoteles se vieron forzados a bajar sus tarifas y el ahorro era mayor que la molestia de mover algunos muebles. La marea era tan lenta que muchos no notaron la progresiva invasión de los cuartos. Quienes trataron de oponerse a ella fueron derrotados por la tranquilidad del asunto: siempre parecía haber tiempo para hacerlo después y cuando el después llegaba ya lo había abarcado todo. Algunos edificios fueron derribados, pero quienes abrieron puertas y ventanas, dejándolo pasar, permanecieron. Primero fue una desgracia, luego una costumbre, al final un atractivo. La gente llegaba a verlo, se hospedaba en las pequeñas áreas libres de la invasión, se sacaba fotos rodeados del infinitamente lento tsunami de vegetación.

1 comentario:

YO merengues dijo...

Qué buena representación de la pasividad del hombre. El no actuar, no hacer nada en su momento para después querer salvar lo insalvable … en todos los temas se da eso, en todas las culturas.
Cuándo se aprenderá a actuar a tiempo?...
Saludos