martes, agosto 05, 2008

El monte de las sutiles nieblas




En el principio no existía ni la luz, ni el silencio, y en los nueve cielos las sombras se confundían unas con otras y en el Mictlan los ríos no conducían a nadie al inframundo. Era el comienzo de todas las cosas.
En las noches sin estrellas, los dioses jugaban a inventar objetos.
Poseían a Poyauhtécatl, o monte de las sutiles nieblas, que tenía dentro de sí todos los sonidos del mundo aun no creado, y al generar el sonido que los dioses gustaran, creaba su imagen en este mundo, porque primero fue la voz de obsidiana corriendo como un río antes que las aguas y cuando los señores de la dualidad imaginaron el canto del mar, el monte de las sutiles nieblas generó ese canto y el mar fue hecho, y los moradores de sus profundidades y la tierra donde moría, y todos los objetos que intervenían en la creación de su obsesiva voz.
El hombre fue hecho al imaginar su llanto, su voz de niño y de hombre y de anciano, porque para los dioses, el Hombre no es más que ruidos sucesivos, una voz cambiante que, como el mar, fue creado por ellos en un juego que construía al mundo al ritmo de sus caprichos.
Y sucedió que Quetzalcoatl quiso apoderarse de Poyauhtécatl para dárselo a los hombres y pudieran crear el rumor del maíz y de las cosas necesarias para vivir.
Pero los dioses podían crear la seca voz de las lanzas, por lo que llegó ante ellos disfrazado de componedor de cantos y antes de sentarse con los dueños del cerca y del junto, en la casa del canto, pudo ver al monte de las sutiles nieblas suspendido del techo y supo que su triunfo estaba dentro de él, y que también podía estar ahí su cercana muerte.
Quetzalcoatl cantó, entonces, de un lugar donde uno era parte de lo creado y creador, donde uno se inventa a sí mismo. Les habló de la tierra desconocida del sueño, y de sus extraños habitantes y fue él quien enseñó a los dioses a soñar, a dejar las ataduras de este mundo, y mientras dormían bajó a Poyauhtécatl al mundo y creó el maíz y el sonido de los días, y de las lluvias.
Mientras tanto los dioses descubrían que la tierra de los sueños no tiene habitantes permanentes, y siempre es necesario regresar, y cuando lo hicieron, ebrios de imágenes y experiencias, vieron que el monte de las sutiles nieblas no estaba con ellos y supieron quién había sido el ladrón y convertidos en huracán bajaron al mundo dispuestos a destruir lo creado y dar muerte a Quetzalcoatl.
Y fue la primera vez que el huracán caminó entre los hombres e hizo rugir de dolor al mar. Pero Quetzalcoatl creó el sonido de las distancias y el huracán se perdió en una tierra enorme y caminó muchos días, perdiendo parte de su fuerza hasta encontrarse, por fin, con Quetzalcoatl y los dioses cayeron sobre él y Quetzalcoatl peleó con ellos, y en la niebla de los dardos floreció el humo de los escudos, y durante la batalla Poyauhtécatl rodó sobre sí mismo y cayó a tierra, ahí, entre los hombres, cayó y se rompió en mil pedazos.
Entonces fue el silencio.
Voz de la nada, canto de la muerte, sonido de las estrellas.
Del fondo de las cosas surgió un sonido, un rumor que brotó al mundo, los dioses dejaron caer sus armas y siguieron esa voz sin cuerpo, canto liberado.
Y Poyauhtécatl, roto en mil pedazos, cantó sobre el mundo, desgarrando el silencio, y las cosas fueron creadas sin ningún propósito, ni siquiera el juego de los señores de la dualidad.
Y el tigre fue creado por el rumor de sus pasos, por el ruido del rayo vivo que representa.
Y el canto de las aves fue: la imagen de sus plumas y sus colores, algarabía creada al vuelo.
Y la lluvia mil obsidianas descendiendo.
Y el mundo fue llenándose de sonidos y de cosas y únicamente guardaron el silencio las estrellas y la profundidad de las aguas y los hombres supieron que sólo ahí podrían encontrar la paz pues el mundo ya no era un buen lugar para vivir, tan lleno de voces y rumores y cantos y melodías y ritmos y estruendos y ruidos que los hombres no significaban nada en el mundo, y muchos fueron a entregarse a las aguas.Y Quetzalcoatl supo que todos se unirían con el silencio si él no hacía nada y antes que ellos se sumergió en aguas oscuras donde habitaba el silencio y ahí recogió las rosadas caracolas vivas de las profundidades que guardaban dentro de sí el silencio, del mismo modo que las caracoles de la superficie guardaban el rumor del mar.
Y subió a la tierra y dio a los hombres las caracoles rosadas que pusieron en sus cabezas, y el silencio filtró la algarabía del mundo y se convirtió en los sonidos que escuchamos por nuestras orejas, las caracoles vivas, el rumor del mundo lleno y vivo atenuado por el silencio del mar.

2 comentarios:

José Luis Zárate dijo...

Doy gracias a dulce http://www.blogger.com/profile/16822279009407734509 por la corrección.

:)

z

albertochimal dijo...

¡Muchas felicidades, José Luis!