sábado, mayo 24, 2008

HOTEL Camino a la sierra Negra

La sangre es tibia. Entre la tierra húmeda, a mitad de la noche iba perdiendo la sensibilidad en las piernas y las manos. Bloques de hielo. Paradójicamente el único consuelo era la herida. No veré el amanecer, se dijo. Nunca más vería más a nadie conocido. A nada.
Era un pensamiento extraño. Nunca más lo conocido: no otra cerveza, jamás un cigarrillo. Pero tampoco otro miedo, el terror de mirar un arma decargarse en él a boca jarro.
Pensó en el cuarto de hotel que tanto le desagradó el día anterior. Era pequeño, vulgar, olía a orines. Pero ¿qué importaba? sólo era un lugar donde reunirse, para repasar el plan por última vez. Matar o morir. Salieron de ahí con solo dos opciones. Bien, había escogido ya una. De no haber salido del cuarto, de quedase en esa cama dura con sus sábanas polvosas...
Cerró los ojos por última vez.
Que valiosas son las últimas cosas.
En su mente se acurrucó entre esas sábanas, tibio y seguro, y nunca se sintió más a gusto que en ese hotel.

No hay comentarios.: