martes, enero 23, 2007

UN AYER VIVO

La época victoriana, obsesionada por mantener un régimen específico, con su pesada carga de tradiciones y costumbres negaba el presente mediante el pasado, los privilegiados gustaban de blasones, de árboles genealógicos, de viejas construcciones, de un ayer vivo. Tener un fantasma era símbolo de status y prestigio, por ello no era raro que algunos los alquilaran.

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