jueves, enero 04, 2007

LA VIDA PASA

Nunca vi a los desolados padres que construyeron en el Panteón Municipal un cuartito blanco sobre la tumba de su hijo, cosa muy normal, y que adornaron con juguetes que observaba siempre, cuando íbamos a visitar a nuestros muertos, y yo (niño aún) me parecía lo mejor de la visita el disfrutar de los carritos y aviones de lata, pero un día cambiaron esos juguetes por balones, y luego por libros juveniles, y después por artículos de estudiantes, y más tarde por libros de leyes y juegos de oficina y entonces comprendí que a esas personas el hijo muerto les crecía más y más y estaba a punto de recibirse de abogado, y un día — el último en que me atreví a asomarse por las ventanitas del cuarto blanco — había un traje negro y un ramo blanco, de novia, y no quise imaginar que se suponía que significaba eso, que compañera podía haber encontrado ese niño muerto que era ya un hombre.

No hay comentarios.: