viernes, diciembre 15, 2006

ANDÉN

Ser el último en salir, escuchando los ecos de tus pasos en el vacío anden, las luces apagándose ya, y de pronto tener la certeza de estar rodeado de personas pasando con prisa a tu lado, del fantasmal eco de los altavoces anunciando la próxima salida. De un tren que llega resoplando los frenos, pero nada hay más que las sombras, tu respiración asustada.
Averiguar durante meses, entrevistar a empleados, a testigos, la certeza de que hay una hora exacta en que un tren insustancial llega entre sombras para ser abordado por susurros y ecos: las 12.03.
El gradual convencerse de lo invisible, el irse desgastando de las certezas de la realidad. La obsesión de saber, a dónde va, quién aborda, qué sucede cuando esa puertas se cierran.
El no saber si estar alegre o aterrado porque esta mañana llega un boleto con tu nombre para el tren de las12.03.