martes, noviembre 14, 2006

UNA SOMBRA

Ni siquiera fue una pelea, alguna infidelidad, algo climático. Fueron las horas, el cansancio, el que fuera más sencillo decirnos adiós. Recorrimos la casa juntando las cosas comunes, y las convertimos en tuyas o mías. Algunas, las más preciadas, fueron quedándose ahí, sin que nos decidiéramos a darles un destino. Estaba la foto de Inglaterra, cuando recorrimos esa campiña húmeda, y el mundo era frío y desolado pero nosotros éramos todo el calor que necesitábamos. Tú reías junto a unas lápidas de piedra cubiertas con una vegetación casi gris. Tomé la fotografía y al revelarla había una sombra indeterminada a tus espaldas, una figura, casi, de alguien que escuchaba tu risa, melancólicamente. Nuestro fantasma. Nuestra propia foto de lo desconocido. Pero ahora era una prueba de que fuimos alguna vez felices. No más. Inglaterra quedaba muy lejos, ahora.
Una sombra insustancial, casi invisible, una presencia sin forma, existente pero intangible.
Si me quedaba con la fotografía no podría dejar de pensar en tu sonrisa, si te la quedabas recordarías las horas en que fuimos felices. Mejor dejarla en el limbo, olvidarla en un rincón.
No había palabras para detener tu marcha, ni argumentos para que la pareja continuara. Sólo tristeza, polvo, cosas olvidadas a propósito.
Te vas, te marchas y yo no puedo detenerte. No quiero detenerte y eso es triste.
¿Qué del cariño, de las promesas, de nuestros cuerpos jurándose ser para siempre? ¿Qué de todo? ¿Eso es el amor? ¿Una sombra insustancial?
¿Siempre vivimos un fantasma? ¿Siempre se desvanecen cuando sale el sol?

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